Imagen: @jayzzy86
Hay hilos de oro
que te hacen sangrar
los pies,
como el que queda
en la orilla
de este mar.
No siempre
los residuos de los metales preciosos
son hospitalarios.
Y yo conocí la delicadeza
en lugares
más inesperados:
En los que Afrodita no
era la diosa
del amor,
ni Venus
un planeta
sin tormentos.
Conocí la amabilidad
en los carbones,
que fueron luciérnagas.
Porque mi país es este océano del fuego,
en el que es difícil surfear las olas
sin incendiar el amarre.
Y yacen mis lunas,
entre los humos negros
y las bodas de aire.
Mi parto fue entre el plasma
de la tierra desatada
y una camilla ignífuga.
Salí del agua del vientre,
para pasar a los fósforos,
apagados en alguna esquina.
Mi país está en plena extinción
mi cama es un desierto de lo incierto,
mi cielo es un oasis fosforescente.
El suelo es de hierro,
casi no hay oxígeno,
y está lleno de volcanes fallecidos.
Mi país está en combustión permanente,
su población murió antes de que nazca,
y sólo hay vacío alrededor.
Está lejos del sol,
cerca de las rocas,
con los helicópteros girando.
Esta patria no tiene nada envidiable,
es pura molécula incandescente,
pura partícula.
Pero siguen viniendo turistas
a visitarlo, personas que después lloran
al quemarse.
Mi cuerpo fue construido
con el concreto
que resiste los incendios.
Mi país es un desastre…
…pero es mi desastre.
Poder ver el vapor
no es tener control
de su velocidad.
Y nadie
tiene derecho
a avivar sus llamas.
Mi país es un objeto no identificado
que se puede vislumbrar a lo lejos
desde la tierra.
Es un círculo de calor,
una luz roja lejana
repleta de polvo.
Está desapareciendo,
intermitente en el más allá,
con sus vientos sagrados.
En mi casa
el agua congelada
es la única religión.
Mi país no es ningún juego de ajedrez
de ningún mortal
privilegiado…
Mi país no es
la fogata
de ninguna oscuridad.

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