Soy un pollo.
En un horno.
Sobre el metal caliente.
Hay una llama. Está esa llama. Que me enciende.
Mi sol es una hornalla.
Mi sol es el gas abierto.
Ese hombre con sombrero es el único que se pregunta cómo estoy.
Me mira tanto que a veces siento que me acosa.
Su tenedor me dejó cuatro puntos.
También me baña en sales.
En sus aceites.
Invitó a toda su gente.
Ellos me miran con los ojos bien abiertos.
Pero yo no soy solo muslos venosos.
Huesos para chupar.
Mi piel se ha vuelto rosa.
Soy un pollo que suda encerrado.
Pasé del cobijo de mi madre,
entre picotazos de algodón,
a bailar entre patitos que cantaban
canciones de terror.
Soy un pollo que recibió sus golpes.
Y sus pinchazos.
Nací como pollo.
Moriré como pollo.
A veces siento que no soy un pollo.
A veces siento que los demás se ríen de que no me siento un pollo.
Estaré en esas bocas ajenas.
Seré las risas de esas mesas.
Pero pase lo que pase:
nunca voy a creer que soy un pavo.
Sé de qué estoy hecho.
Si aún no ves el poema, no viste lo suficiente.
Si aún no entiendes estos versos, ya no leas este poema.
Dejame callar en estas aguas hirviendo.
Dejame desvanecerme entre olas de playas a las que nunca fui.
La realidad es tan vacua como este poema.
La realidad es un pollo.
En un horno.
Con hojas que avivan el fuego.
Sin plumas.
Con pluma.
Sin alas arrancadas.
Y el espíritu hecho vapor.
En la puerta de algún infierno
image: Image by Miss PerfectKaos

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