Cuando tenía 15 años escribí algo que no sabía que era un poema, pero terminó siendo la letra de una canción que se llama Payasos. Unos años después, con una guitarra hice una base un poco punk y se la envié a mi mejor amigo de aquel entonces, Roke Jorge Diaz . Roke me dijo que era un temazo. Así comenzó toda una etapa con una banda que se llamó #Dis-frases.
Me acuerdo de que recibimos muchos abucheos, comentarios bastante negativos y todo lo malo que se puedan imaginar. Pero también recuerdo que la felicidad que nos dio esa banda siempre fue una burbuja muy potente contra todo ese veneno ajeno. Incluso las horas que pasábamos grabando en las salas de ensayo eran, la mayoría de las veces, un verdadero bálsamo.
En algún momento dejé de sentirme bien emocionalmente y los comentarios negativos se volvieron más difíciles de filtrar. Terminé abandonando los instrumentos, me fui del país y me fui redirigiendo hacia otras artes, mientras que la escritura y la poesía se mantuvieron constantes a través de los años.
Muchas veces volví a pensar en esa época y me pregunté de dónde salía tanta negatividad, tanta oscuridad, muchas veces desde nuestros propios círculos. Me costó mucho entender que gran parte de eso era envidia. En ese momento yo no creía en la envidia. Con los años volví a encontrar esa misma energía una y otra vez. Aprendí que la envidia también es algo cambiante: aparece, desaparece y cambia de objetivo según los momentos y los contextos.
Recuerdo que una vez fuimos a tocar a un lugar y alguien del público, que era mayor que yo y además psicólogo, me dijo que la envidia solo existe con aquello que uno siente que podría tener del otro; que suele darse entre pares y que, en lugar de intentar conseguirlo, muchas veces uno prefiere que el otro no lo tenga.
Cuando pienso en esa época, 25 años después, siento felicidad. Sigue siendo una de las mejores etapas que recuerde, no solo por la música, sino por haber estado con amigos creando algo juntos, divirtiéndonos, moviéndonos y olvidándonos del mañana. Es una de las pocas etapas a las que a veces quisiera volver y una de las que, posiblemente, marcaron mi futuro para siempre.
Y no culpo a la gente que nos envidió, porque una etapa tan gloriosa es envidiable, como los goles de la selección argentina.
Pensé que esas canciones se habían perdido para siempre y que solo quedaban en mi memoria. Pero mi hermano Banssu Handpan, que no solo me introdujo al mundo de la música sino con quien además compartí una vida musical, hoy me trajo este regalo por mis 40 (un poco atrasado). Qué alegría volver a escuchar un tema que creía perdido. Gracias, hermano, por hacer este trabajo de recolección y por ser mi Bro.
Hoy, con 40 años, le pasé el tema a Roke y me dijo exactamente lo mismo: qué hitazo. Algunas cosas no cambian.
Gracias a todas las personas que fueron parte de Dis-frases, desde Roke, mi hermana Andrea Sambuccetti con el violonchelo, Rodrigo Quevedo Peluso , y muchos otros que fui perdiendo en el camino.
Me regalaron algunos de los mejores años de mi vida y creo que es una de las cosas que más extraño de Argentina.
El tema de nuestra adolescencia/adultez temprana se puede escuchar aquí:


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